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martes, 18 de mayo de 2010

El ministro (y el transeúnte)

Con los otros relatos he dejado muy claro que eran ficción con algunos hechos reales en el contexto. Pues este no. Este son hechos reales de principio a fin.

El ministro (y el transeúnte)
Sergio López, 2010


El ministro vio algo por la ventanilla del coche oficial que le resultó levemente incómodo y que le inquietó por un instante. No pudo precisar de qué se trataba exactamente hasta unos segundos más tarde.

Lo que le había desasosegado por un momento era una mancha.

Una mancha, una simple mancha, vista a través de la ventanilla de su coche oficial con chófer, un Volkswagen Phaeton cuyo precio ascendía a 80.000 euros y que recorría las calles del centro de Madrid a toda velocidad, abriéndose paso por entre la brecha que horadaban las sirenas de los coches de policía en el pesado tráfico de la Gran Vía y en la vida cotidiana de los transeúntes de las ocho de la tarde.

Esa mancha, deformada por efecto de la velocidad era, precisamente, un transeúnte.

Un transeúnte: uno más entre esos hombres y mujeres casi invisibles, que casi no existen, y que habitualmente se ven, como manchas deformadas por el efecto de la velocidad, a través de la ventanilla del coche oficial del ministro en sus frecuentes desplazamientos.

Este transeúnte en concreto se llamaba López y estaba enseñando el dedo corazón en un ostensible gesto de desprecio. Era aquello lo que había causado la fugaz intranquilidad del ministro.

El ministro se dirigía a alguno de los actos programados dentro de la cumbre UE-América Latina que tenía lugar en Madrid esos días. Su coche oficial era uno más entre los cientos de carísimos coches oficiales de alta gama, con chófer, cristales tintados y escolta policial, que estaban atravesando a esas horas las calles del centro de Madrid; quemando un montón de gasolina, dejando sordos a vecinos y turistas, interrumpiendo el tráfico, interrumpiendo conversaciones telefónicas con sus dispositivos inhibidores de frecuencias y obligando a ciclistas y conductores de ciclomotores a hacer maniobras de emergencia para evitar ser arrollados.

López acababa de salir hacía un rato de la oficina donde desempeñaba su trabajo temporal mileurista que se le acababa en dos meses (y después, ¿qué?) y había decidido dar un paseo por el centro para relajarse tras su estresante jornada y dejar de preocuparse por cosas como "y después, ¿qué?".

El ministro acababa de salir hacía un rato por la tele justificando las medidas de austeridad recién aprobadas por el Gobierno. Medidas que suponían que López y otros cuantos millones de transeúntes mileuristas como López pagarían más dinero en impuestos indirectos y recibirían menos dinero en protección social y servicios públicos para que, de esa forma, las grandes fortunas pudieran ganar todavía más dinero del que tenían y no se largaran con sus millones a otra parte. El ministro sabía perfectamente que eso era un chantaje mayúsculo, pero en ese preciso momento estaba intentando relajarse y dejar de pensar en ello fumándose un Cohiba, regalo, precisamente, de una de esas grandes fortunas aludidas.

Era altamente improbable que la vida de López volviera a interferir con la vida del ministro otra vez. Por más que la vida del ministro sí que hubiera tenido ya una serie de consecuencias notables sobre la de López.

Por lo general, al ministro, la gente como López, los transeúntes, esas manchas casi inexistentes e inapreciables que veía a través del cristal de la ventanilla de su vehículo oficial de 80.000 euros cuando iba de un lado a otro escoltado por la policía, le afectaban sólo una vez cada cuatro años.

Era altamente improbable que López volviera a votar al partido del ministro alguna vez.

martes, 20 de octubre de 2009

Sembrando

"Quien siembra tormentas recoge tempestades"

Esa advertencia-amenaza lleva pintada en enormes letras rojas frente a las eternas obras de la Alhóndiga desde el pasado 12 de octubre, en un intento de reproducir un famoso aforismo castellano que, en realidad, dice que quién siembra vientos recoge tempestades. Siguiendo esta lógica, quien siembra tormentas debería recoger huracanes y quien siembra el sirimiri, el monzón. Y así. Quien siembra Gürteles recoge Mafia calabresa. Quien siembra comisarías de policía sin luz y taquígrafos recoge el GAL. Y quien siembra la duda recoge el ostracismo.

Pero no siempre se cumple la proyección geométrica del ojo elevado al cuadrado por ojo. Quien siembra la amenaza no recoge amenaza multiplicada por si misma, sino el silencio. Quien siembra la amenaza recoge el silencio y quien siembra el pánico recoge la adhesión cobarde de los demás.

Eso último cuenta muy bien Alejandro Amenábar en Ágora. La vi anoche y me gustó… aunque los actores (ellos, sobre todo) me parecieron bastante planos. Bueno, igual más que los actores, eran los papeles los que eran planos. La historia que quiere contarnos Amenábar era muy grande y el gran fallo, yo creo, es que, frente a la gran historia del fanatismo frente a la civilización, sus protagonistas aparecen, a veces, vistos desde arriba y desde lejos, como hormiguitas. Literalmente.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Sin papeles


Vergara en Público
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Un operativo policial con unos 15 agentes de uniforme y de paisano cerró el jueves las salidas de la estación de metro y auobuses de Avenida de América en Madrid durante más de una hora con un objetivo: parar a todos los ciudadanos con rasgos latinos o de raza negra para comprobar sus papeles y en caso de no tenerlos, detenerlos. Al menos una decena de inmigrantes abandonó la estación en un furgón policial. "Cumplimos órdenes. Las explicaciones, a Interior", confirmó un agente.


Fuente EL PAÍS

lunes, 7 de septiembre de 2009

Kale borroka pija!

"O saa, me encanta el olor de la gasofa de madrugada, cuando estoy to pedo en lav fiestas de Pozuelo".

Supongo que esta es la forma que tienen los adolescentes de clase media-alta de Pozuelo de decirles a sus padres con exitosas carreras profesionales que deberían pasar más tiempo con sus hijos.



Lo de las batallas campales en las fiestas mayores de la periferia de Madrid no es nuevo. En las de Móstoles hubo una mítica hace tres años, pero fue una broma en comparación con ésta. Los chavales que la liaron allí se limitaron a defender un pequeño radio de acción dentro de un parque forestal y casi nadie en el resto de la ciudad se enteró de nada. Lo de Pozuelo, sin embargo, fue una auténtica intifada. Los alborotadores avanzaron posiciones frente a la policía, les arrinconaron y amagaron con tomar la Comisaría. Toma ya. Eso jamás se le hubiera ocurrido a los jovenes descarriados de Móstoles. Y es que en Móstoles nos enseñan desde pequeños que hay cosas que, por mucho que se quiera, no se pueden hacer. En cambio, cuando tienes a unos mostrencos de 17 años acostumbrados a que siempre se haga lo que ellos quieren comienzan los problemas. Escuchen al enfant terrible que graba (y protagoniza) este vídeo.



La verdad es que me parece super divertido todo. No lo puedo evitar. En Francia hacen esto los jóvenes de los peores barrios de la periferia, de las Banlieues, y aquí lo hacen los de Pozuelo de Alarcón, uno de los municipios con mayor renta per cápita de España. Kale Borroka de pijos, sin ningún objetivo, porque sí. Tienen de todo, pero les falta algo, lo que sea, y no ven más salida que liarse a botellazos con la policía. Surrealista a lo André Bretón.

PS.: Proponemos el hermanamiento entre la villa madrileña de Pozuelo de Alarcón y la vizcaína de Lekeitio. Los jóvenes de Lekeitio y los de Pozuelo comparten garrulismo y fijación por la Comisaría local. Y eso que los de la localidad vasca cuentan con un desahogo de su lado más gañán con el que los madrileños no cuentan: el horrible juego de los gansos.

domingo, 26 de octubre de 2008

Mantero

El miércoles estuve hablando con una persona que me impresionó. Su nombre es Papis, es senegalés, sin papeles y vendedor de discos piratas en el top manta desde que llegó a España. Es un tipo afable que accedió a tomarse un café conmigo en el centro -“pero no en Lavapiés, que hay mucha policía”- para que yo le entrevistara.

Me contó que él no quiere ganarse la vida “aprovechándose del trabajo de otros”, vendiendo CDs piratas, pero que no le queda otro remedio, porque sin papeles no puede trabajar en otra cosa. En Senegal era encofrador; pero no ganaba dinero para dar de comer a las 15 personas que tiene a su cargo (entre hijos, tíos, abuelos, padres y algún primo).

Lo está pasando muy mal últimamente porque dice que ya no puede vender discos. Que la policía se ha puesto muy dura últimamente con este tipo de comercio ambulante.

No sé si os habréis fijado, pero cada vez hay menos top manta en las calles de Madrid. En las plazas de las estaciones de tren de Aluche o Móstoles Central, donde antes se ponían fácilmente 20 vendedores ahora no se ve a ninguno. Igual pasa en Embajadores. Los pocos manteros que he visto estos días estaban en las profundidades más profundas del Metro (Cuatro Caminos L6) y en los alrededores de Sol, agazapados detrás del parapeto de las obras de Fomento.

Los manteros son todos inmigrantes sin papeles, la mayoría senegaleses o gambianos. A día de hoy viven aterrorizados por la perspectiva de ser identificados por la policía y devueltos a sus países. Eso los que no están ya en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), que por lo visto está al límite de su capacidad.

La policía lleva unas semanas empleándose a fondo con ellos. Más o menos desde que entró el nuevo jefe de la policía municipal, Carlos Rubio. (12 de septiembre).

“Ahora vienen de paisano y no te puedes esconder. Y piden los papeles por la calle todos los días, también agentes de paisano. Sólo piden DNI a los que ven que podemos ser sin papeles, que somos negros o árabes. Tengo medo de ir por mi barrio”. Papis considera Lavapiés su barrio. Y muchos vecinos autóctonos (los que me condujeron a él, entre otros), le consideran su vecino, tan del barrio como ellos mismos. Pero Papis no tiene documentos.

Si hubiera venido a España sólo un año antes los hubiera tenido. Y eso le escama. “Veo que muchos de mis paisanos que han venido aquí han cumplido su sueño. Yo también quiero cumplir mi sueño: trabajar y ganar para mi familia; por eso no quiero volver aún a Senegal. Además ellos no saben lo mal que lo estoy pasando aquí; les mando dinero y creen que tengo un buen trabajo”.

Papis es considerado ahora un delincuente con todas las letras. Y por partida doble; porque está “ilegal” y “sin papeles” en nuestro país y porque infringe las Leyes de propiedad intelectual vendiendo CDs piratas. Si le pillan, pasará una noche en comisaría, por de pronto, y con un poco de mala suerte irá de allí al CIE.

Pero Papis no es un delincuente. Y no lo digo yo, que soy absolutamente parcial en este asunto.

Lo dice el poco sospechoso Sindicato Unificado de Policía (SUP), el mayor sindicato policial de este país. En un comunicado, el SUP afirma que un inmigrante irregular “no es un delincuente” y no debería ser detenido, encarcelado y expulsado “como un animal”. Esa nota se hizo pública, por cierto, una semana después del nombramiento de Rubio.

Hela aquí

Aparte de eso; os recomiendo la lectura de los documentos que Ferrocarril Clandestino (una asociación de acción vecinal que ayuda a los manteros) ha elaborado/publicado a raíz de la creación de la primera Asociación de Sin Papeles en Madrid. Papis y otros 200 manteros están inscritos ya en ella.

domingo, 11 de mayo de 2008

Qué alguien vigile al vigilante

Parafraseando a un amigo mío, una cosa es aceptar que el Estado tenga la potestad de utilizar la represión contra la gente que delinque y otra cosa es aceptar que unos energúmenos que no han terminado el bachillerato tengan libertad plena para ahostiar a discrección, fabricar acusaciones falsas, amenazar y coaccionar.

Sin embargo, la historia del chaval no muy avispado, del que se ríen en el instituto y que se mete a madero para empezar a ser respetado no deja de ser un tópico --más o menos útil para describir cierta realidad-- pero tópico. Ginés Jiménez, oficial jefe de la Policía Local de Coslada, es todo lo contrario: un listo.

Licenciado en periodismo; este 'colega', posiblemente utilizaba sus conocimientos de comunicación y relaciones públicas para manipular a su guardia pretoriana: jovenes de unos 25 años, recién salidos de la Academia y, según los vecinos de Coslada, carácterizados por su chulería y su afición al gimnasio. Estos sí responden al tópico.

Añado yo que, en mi opinión, la actitud chulesca, agresiva y desafiante es marca de la casa de las BESCAM desde su creación; que miedo me da saber que les enseñan en la Academia; que debería investigarse más el funcionamiento y los métodos de los cuerpos de policía en la Comunidad de Madrid.

Añado también que estaría muy bien aplicar medidas en favor de la transparencia de la labor policial, como tímidamente ha empezó a hacer la Generalitat de Catalunya hace un par de años con los Mossos d'Esquadra (cámaras en las salas de interrogatorios que descubrieron el empleo de escandalosas torturas) y, finalmente, añado que deberíamos saber, con nombre y apellidos, quien es el preclaro Juez que obligó a restituair a Jiménez a la dirección de la policía local de Coslada hace 10 años, cuando el alcalde de entonces se olió algo y le apartó.